Para conocer la historia de la automoción española y reflexionar sobre nuestro mundo a partir de pequeñas maquetas de vehículos a escala 1/87

sábado, 14 de diciembre de 2013

Pegaso Troner "Canal 9"

A las 12:19 minutos del viernes 29 de noviembre de 2013, con viento flojo de tramontana, el equipo de "liquidadores" designados por la Generalitat Valenciana, escoltados por ocho agentes de la Policía Autonómica, cortaba el suministro de fluido eléctrico que permitía la salida de la señal de RTVV, tras de la heroica negativa de Paco “Telefunken” a convertirse en el verdugo de la tele pública valenciana, en una patriótica hazaña sin parangón desde los tiempos del Palleter. Canal Nou se fundía a negro veinticuatro años después de aquel 9 de octubre de 1989 en que inició sus emisiones regulares.

No era la primera ni única empresa pública valenciana hipertrofiada por los intereses y corruptelas políticas. Tampoco la primera ni única en verse sumida en un ERE que acabó con centenares de despidos (una vez convenientemente recolocados los enchufados, claro), ni tampoco la primera y única en clausurarse. Pero sí el primer medio de comunicación público en pasar por este proceso, con la repercusión mediática que conlleva.

Ya el pasado día 5 de noviembre, cuando los primeros rumores sobre el cierre del ente autonómico empezaban a confirmarse, una pequeña rebelión a bordo estalló en Burjassot. Los trabajadores de RTVV, alentados por su propia directora general, tomaron el control de la programación, emitiendo un programa especial en el que denunciaron no sólo los motivos del cierre, sino los escándalos, silencios, censuras y manipulaciones que durante tres lustros marcaron la vida de la radiotelevisión valenciana. A lo largo de aquella tarde y noche, los periodistas entonaron un público mea culpa y dieron voz a colectivos hasta entonces silenciados, como los representantes de las víctimas del accidente del Metro de Valencia, o los grupos políticos de la oposición, que pudieron participar en un inaudito debate a cuatro bandas con un desconcertado Serafín Castellano, que por primera vez jugaba en campo hostil.

Inmediatamente, los trabajadores de RTVV fueron ensalzados por unos que veían ya una nueva “primavera valenciana” en las ondas, y denostados por otros que les reprochaban tantos años de silencio cómplice. Los primeros, oportunistas de turno que trataban de sacar tajada política de la situación, elevaban a sus periodistas a la categoría de héroes e intentaban convertirse en abanderados de una televisión que hasta hacía poco denigraban. Los segundos, fariseos y maestros de la ley a los que les resultaba muy fácil torear desde la barrera, pues al parecer nunca habían tenido que elegir entre llevar un sueldo a casa o guardar fidelidad al código deontológico que les enseñaron en la facultad. Quizá lo que ocurrió simplemente fue aquella frase con la que Marx concluyó su Manfiesto Comunista: “no tienen nada que perder salvo sus cadenas”. O dicho de modo más castizo: “por lo que me queda en el convento...”

Lo cierto es que Canal 9 fue, ya desde los primeros tiempos de su creación, pero especialmente desde la llegada de Zaplana a la presidencia de la Generalitat, una televisión de dudosa calidad, diametralmente alejada de sus objetivos como ente público, partidista y corrupta, y con una programación chabacana -salvo contadas y honrosísimas excepciones-, absolutamente indigna de un medio público. En sus despachos y estudios fueron anidando centenares de enchufados con dudosa ocupación y nula utilidad, que no hicieron sino multiplicar su deuda, al mismo tiempo que se hundía la audiencia. Era pues una empresa inviable en lo económico e inmoral en lo político, pero ¿innecesaria?

Tras el corte de la señal de TV3 en Valencia, RTVV era la única televisión que emitía una parte de su programación en valenciano. Era por tanto el último reducto de una imprescindible y necesaria herramienta para la normalización lingüística. Quizá sea esa la más importante y poderosa razón para que exista una radiotelevisión pública valenciana, y no tanto para ver l'entrà mora de Alcoi, las consecuencias de la gota fría o la cotización de la clemenules. Pero para eso debería ser una radio y televisión pública y con vocación de servicio público, plural, de calidad e íntegramente en valenciano. Y que realmente fuera de todos los valencianos, no sólo de los del cap i casal.

Porque si no, volverían a escucharse cánticos como el que solía entonarse en Castalia los domingos de partido... Pero puede que eso último sea demasiado pedir, y vaya contra la propia e intrínseca naturaleza de nuestra autonomía, región o país, en la que capital y reino confunden sus nombres, sumiendo en frecuentes crisis identitarias a quienes habitamos en otras comarcas, y que acaban generando ciertos desapegos patrios. Baste comparar las escasas decenas de personas que se congregaron en la plaza Mayor de Castellón durante el programa especial del día 5 sobre el anuncio de cierre de RTVV, con las 15.000 que en febrero de 2011 demandaron por las calles de la capital de la Plana el restablecimiento de las emisiones de TV3 en el territorio valenciano.

En fin, podría escribir mucho más sobre el tema, pero no es cuestión de abusar de su paciencia. Cierto que, por una parte, es una lástima que los valencianos perdamos nuestro medio de comunicación propio. Mi amigo Rafa no podrá ver nunca más su querido “Oratge”, ni sabrá cuál sera la próxima farterà de Tonet, el de “l'Alqueria Blanca” (a no ser que pague a través de su web), ni veremos más a Eugeni Alemany en “Trau la llengua”. Pero también es cierto que Canal 9 llevaba, para muchos, muerto demasiados años.


El Pegaso Troner

Último de los modelos producidos por ENASA, fue presentado en Barcelona en 1987 y su comercialización se inició al año siguiente. Se vendía con motores 6 cilindros y 12 litros de 360, 370 y 400 CV, cambio ZF de 16 velocidades y configuraciones de tractora 4x2 y 6x2 y rígido de 4x2, 6x2, 6x4, 8x2 y 8x4. La cabina fue diseñada por la empresa Cabtec, desarrollada conjuntamente por DAF y ENASA para montar, debidamente personalizada, a sus respectivos modelos. El fabricante holandés la utilizó en el DAF 95, mientras que ENASA la empleó en los Pegaso Troner y en los Seddon Atkinson Strato, su homólogo británico.
Tras la absorción por Iveco, en 1993 cesó su producción para dejar paso a los camiones Eurostar y Eurotech del fabricante italiano.

La maqueta

Aunque llevaba en proyecto desde hace varios años, han sido los últimos acontecimientos los que me han animado a realizar esta unidad móvil de RTVV, como homenaje póstumo a una tele que formó parte de nuestras vidas. Representa uno de los dos Pegaso Troner que tuvo RTVV y que entraron en funcionamiento el 20 de enero de 1990. Su interior estaba dispuesto en tres volúmenes con controles de realización, técnico y de sonido. Cada unidad estaba equipada con 8 cámaras, una mesa de sonido de 24 canales, tres magnetoscopios con sistema de ralentización, un generador de efectos digitales y tres sicronizadores para fuentes externas.
La maqueta está realizada a partir de una tractora DAF 95 de Herpa, si bien monta una cabina extra grande que no llegó a ofrecerse en el Troner. Pero digamos que ha sido cosa del carrocero... Para su transformación se ha tenido que cortar y alargar el chasis, modificar la calandra, sustituir las ruedas por unas con llantas cromadas y acoplar una caja procedente de un modelo Rietze, alargándola por la parte inferior con retales de un modelo Italieri. Posteriormente se ha pintado de blanco y decorado con calcas de Trenmilitaria.
Maqueta: Pegaso Troner 360
Fabricante: Herpa, Rietze
Escala: 1/87
Año de realización: 2013.

2 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. Una fantástica entrada, tanto la argumentación sobre el cierre de Canal 9, entre todos la mataron y ella sola se murió, como del Pegaso Troner, el último "grande de España".

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