Para conocer la historia de la automoción española y reflexionar sobre nuestro mundo a partir de pequeñas maquetas de vehículos a escala 1/87

sábado, 25 de enero de 2014

Peterbilt 377

"Long noses"

Para cualquier aficionado a los camiones, es normal sentir cierta fascinación por las grandes cabezas tractoras norteamericanas. Esas enormes masas de acero de tres ejes, repletas de cromados, con un gran morro bajo el que ruge un poderoso motor diésel, flanqueado por dos grandes filtros de aire. Agazapado detrás, un pequeño parabrisas partido y una lujosa cabina de aluminio remachado, tras la que aparece, entre dos chimeneas cromadas, el sleeper, la espaciosa suite de un devorador de millas y filetes de ternera a lo Red Barclay, con su gorra y su camisa a cuadros y todo eso. Pero ciertamente esa imagen icónica de las rutas yanquis, tan enaltecida por la magia del cine, esconde una realidad muy alejada de las necesidades prácticas del transporte europeo.

Como tantos otros mitos “made in USA”, no son más que fatuos espejismos surgidos con el vano resplandor hollywoodiense, desmesurada opulencia sólo concebible en una nación dedicada a rapiñar recursos por todo el orbe. Y que encima, cuando vas a visitarles, corresponden a tu regalo con una caja de chocolatinas. Pero ¡oh! No podemos contestarles amablemente que se introduzcan sus M&M's por el orificio que estimen conveniente, no. Nada de épica nobleza castellana, ni de ansia altiva de los grandes hechos... A agachar la cabeza y aguantar, no vayamos a despertar las iras del todopoderoso Mammon...

Tras esta disgresión encajada con calzador -ustedes perdonen, pero el regalito de las chocolatinas me ha sacado de quicio-, vamos a intentar regresar al tema camionero. Son camiones diseñados para las grandes autopistas estadounidenses, para rectas inacabables que discurren entre vastas llanuras; para maniobras holgadas en lugares donde si algo sobra es el espacio; para normativas poco restrictivas en cuanto a pesos y dimensiones máximas; para galones de gasoil a precios de risa... Pero ni su tamaño gigantesco, ni su diseño -que más que aerodinámico se podría decir que es aerorresistente-, ni las enormes, desfasadas y poco ahorradoras cilindradas de sus motores de 15 litros, ni sus cajas de cambios con sólo 10 velocidades son adecuadas para los intrincados puertos de montaña europeos, ni para nuestros angostos polígonos industriales, ni para el precio de nuestro carburante. Si a esto se añaden las dificultades de homologación y la limitación de dimensiones máximas, que obligan a recortar de plataforma -y, por tanto, de carga y de beneficio- todo lo que se añada de cabina, entenderemos el porqué la presencia de estos "long noses" es meramente testimonial en nuestras carreteras.
Aún así alguno rueda y, por supuesto, mi empresa ficticia "Transportes Salaberri", que no iba a ser menos, no podía prescindir de contar en su flota con una auténtica leyenda americana. La maqueta representa un Peterbilt 377, un modelo cuyo diseño se aparta algo de los estándares clásicos de formas rectilíneas en aras de algunas ventajas aerodinámicas, pero que aún así conserva intacta la esencia, al menos algo más que los vanguardistas Peterbilt 387 y Kenworth T2000.

La maqueta

Está realizada a partir de un modelo Italeri aparecido en la colección "Camiones" de RBA, y su transformación se ha limitado a pintarlo con los colores corporativos de mi empresa ficticia, colocarle un puente Herpa sobre el deflector y decorarlo con calcas de Trenmilitaria. Lleva enganchado un semirremolque góndola, referencia 075879-003 de Herpa, en el que también he detallado algunos elementos como las luces laterales de posición, pilotos traseros y señales V-6. Carga una excavadora Liebherr R922.
Maqueta: Perterbilt 377
Fabricante: Italeri/Herpa
Año de realización: 2009

Peterbilt Motor Company

Theodor Alfred Peterman era un empresario maderero de la costa oeste que desde las primeras décadas del siglo XX se había dedicado a fabricar vehículos que le permitieran transportar eficazmente la madera de sus explotaciones. Para ello adquirió en 1938 la fábrica californiana de Fageol, y en 1939 empezó a comercializar sus camiones, con el nombre de Peterbilt. Camiones duros, construidos bajo unos principios en los que la calidad primaba sobre la cantidad que le llevaron a enfrentarse con el mismísimo Henry Ford. Tras su muerte en 1947, su viuda vendió la empresa a PACCAR (Pacific Car Company), una de las principales empresas de fabricación de trenes del país, y a la sazón, ya dueña de Kenworth. En la actualidad, la planta Peterbilt de Denton (Tejas) produce camiones de las clases estadounidenses 5 (MMA 8845 Kg) a 8 (MMA a partir de 14969 Kg).

En los años 80, la subida de los precios del combustible, y el hecho que el 50% de la potencia del motor se perdiera por la resistencia del aire, obligó a las marcas a lanzar modelos más aerodinámicos, sacrificando su tradicional apariencia de morros largos y cuadrados. Algo que no gustó al conservador mercado estadounidense, que tardó mucho tiempo en acostumbrarse a la suavidad de los nuevos diseños. En esta línea, en 1986 Peterbilt presentó su modelo 377, con faros integrados en los guardabarros, un capó algo más corto, menos cromados de lo habitual y una menor cilindrada. Una auténtica herejía para el trucker yanqui, pero que permitía un ahorro de combustible de aproximadamente el 9%. Sin embargo, para los que aún se resisten a abandonar el cromado resplandor de gloria de otros días, la marca sigue ofreciendo en la actualidad el 389, aunque ya no acaba de ser lo mismo...
Ficha técnica: Peterbilt 377
Motores: Cummins, Detroit, CAT 6 cilindros en línea.
Potencias: 350 – 550 CV
Cilindrada: sobre 14.000 c.c., según fabricante.
Transmisión: 10 velocidades.

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