Para conocer la historia de la automoción española y reflexionar sobre nuestro mundo a partir de pequeñas maquetas de vehículos a escala 1/87

viernes, 2 de mayo de 2014

Renault 5

Sólo por el hecho de haberme sacado el permiso de conducir con él y de haber compartido mis primeros años como conductor, el Renault 5 merecería por sí sólo un lugar privilegiado en este blog. Por aquellos primeros paseos veraniegos, por aquel primer arañazo en el aparcamiento del Mercadona, por las veces que subí con él a la universidad, por las excursiones campestres, anécdotas, trapisondas y otros hechos confesables y menos confesables que tuvieron al R-5 como testigo, cuando no como protagonista... El R-5 no fue sólo un recuerdo de la infancia, sino un sacrificado compañero durante esos años del fin de la adolescencia y la primera juventud. 

Un amigo que fue dolorosa e incomprensiblemente sacrificado a una oscura deidad de la seguridad y modernidad a la que periódicamente parece que hemos de inmolar nuestros bienes aunque sigan en perfecto estado de uso. Porque aquel coche, pese a sus años -que los tenía- iba bien, no daba problemas y, además, tenía pocos kilómetros. Yo mismo lo llevé ante el sacrílego altar sacrificial, el desguace, sin entender muy bien qué estaba haciendo. Confitor... Nadie en mi casa lo queríamos tirar, pero ninguno dijimos una palabra por salvarlo, parecía como si fuera un hecho inevitable, cuando nosotros mismos éramos sus únicos verdugos. Cierto es que el viejo y entrañable R-5 no hubiera aguantado los viajes que hicimos con su sucesor... ¿o sí?

Existe en la mentalidad colectiva una falsa idea embutida en nuestras mentes por los ideólogos del sistema, por los idólatras de Mammon, por los mismos que idearon conceptos como la obsolescencia programada, para esquilmar nuestros escasos ahorros (¡recuperar la limosna que nos dieron en forma de salario!), aumentar aún más sus beneficios y, de paso, destruir un poco más el planeta. ¿Cuál es esa falsa idea? La que nos hace pensar que renovar el coche cada dos por tres es bueno para todos. Claro, eso es bueno para algunos ¡para ellos! Pero, ¿lo es para nosotros, para todos? En una sociedad consumista y caprichosa como la nuestra, el usar y tirar está cada vez más profundamente inscrito en nuestro acervo social. Cambiar de ropa cada temporada, de móvil cada año y de pareja cada fin semana. Eso es lo tenéis que hacer, queridos niños, si queréis convertiros en solícitos consumidores, propicios a vuestro dios el Capital. Y ahora, también, renovar el coche cuanto antes.

Hubo una época en la que esto fue bastante fácil: sólo había que excitar adecuadamente el resorte del antojo, crear necesidades innecesarias y facilitar el acceso al crédito. Luego, cuando hubo que recoger las tempestades que aquellos vientos sembraron, la cosa se puso algo más difícil, y hubo que conminar a las fuerzas del Estado -siempre solícitas a colaborar con la plutocracia, más les vale- para ayudar en la tarea. Entonces empezaron a mandar unas cartas a los propietarios de automóviles susceptibles de inmolación (¡habráse visto, esos antisistema!) conminándoles a deponer su subversiva conducta y entregar su vehículo en sacrificio en el plazo más breve posible, so pena de terribles sufrimientos en el plano de la seguridad vial y medioambiental. Y, por supuesto, comprar un coche nuevo. Faltaría más. Por ahora parece que van a buenas y se limitan a ofrecer una golosina en forma de limosnilla para que renueves el coche (nunca para mejorar el transporte público), pero en lontananza se ven otras medidas más totalitarias que no tardaremos en ver: restricciones de circulación, presión fiscal, trabas burocráticas mil y, quién sabe, quizá llegará la confiscación. Todo sea por nuestra seguridad.

Lo cierto es que, investigando un poco, y sin pretender hacer un estudio exhaustivo, los supuestos dogmas con los que pretenden meternos miedo para que cambiemos el coche renquean a poco que rasquemos. Veámoslo:
    • Seguridad: los automóviles nuevos son mucho más seguros, eso es innegable. En cambio, entre el 70% y el 90% de los accidentes se deben al factor humano, siendo los más comunes las distracciones, el exceso de velocidad, el alcohol, la fatiga y las imprudencias, muchas veces provocadas por el exceso de confianza que generan los nuevos vehículos, en los que no se tiene sensación de velocidad ni de riesgo. ¿Qué me va a pasar a mí, que llevo ABS-ESP-ASR-BAS-EBS-EBV? Vayan ustedes más despacio, disfruten del paisaje, no le den a la botella y descansen bien, y verán lo seguros que circulan.
    • Contaminación: los coches nuevos contaminan mucho menos, eso también está claro. ¿Pero acaso la fabricación de uno nuevo no genera impacto ambiental? Pues sí, y bastante. Tengan en cuenta que hay que remontarse desde el concesionario hasta la extracción de las materias primas. Pues bien, según un estudio de The Guardian (http://www.globalchangeblog.com/2010/09/whats-the-carbon-footprint-of-building-your-car-and-how-does-that-compare-to-tailpipe-emissions/), la construcción de un coche nuevo supone una emisión de unas 17 toneladas métricas de CO2.. Con ese dato, y teniendo en cuenta que un turismo medio nuevo emite en torno a 120 gr de CO2 cada km, necesitaría recorrer 472.000 kilómetros para compensar los 36 gr de CO2/km de diferencia respecto a uno similar del año 2004; 212.000 para compensar las emisiones de uno que emita 200 gr/km y 56.000 para uno con 300 gr/km. Ustedes mismos. Y recuerden que para no contaminar, lo mejor es no usar el coche.
    • Ahorro: otro de los mitos que enarbolan es el espectacular ahorro de combustible que consiguen los coches nuevos. Vamos a verlo. Por un lado, consultamos la prueba que la revista “Autopista” realizó en 1972 al Renault 5 TL (http://www.pruebas.pieldetoro.net/web/pruebas/ver.php?ID=826). Por otro, los consumos oficiales del Renault Clio 1.2 actual, que podríamos considerar como sucesor del primero. Y resulta que la diferencia de consumo entre ambos es de sólo 1'13 litros/100 km a favor del Clio. Es decir, que habría que recorrer sobre medio millón de kilómetros para compensar el cambio de coche...
Así que ya saben, a no ser que vayan en una humeante cafetera, más les vale usar el mismo coche hasta que reviente; si tienen que cambiarlo, compren uno de ocasión, y si de verdad quieren ahorrar y proteger la naturaleza, usen el transporte público, compartan coche, o mejor aún, vayan a pie o en bici. Su salud y su bolsillo se lo agradecerán.

La maqueta

Fabricada por Universal Hobbies para un coleccionable francés. Representa un Renault 5 TL de 1972 con su típico color naranja, al que únicamente le he colocado las placas de matrícula.
Maqueta: Renaul 5 TL
Fabricante: Universal Hobbies
Año: 2010

El Renault 5

Divagando divagando, no me queda mucho espacio para hablar de este popular modelo, pero no quiero concluir la entrada sin aportar ningún dato. El Renault 5 fue presentado en el Salón de Barcelona de 1972, aunque su fabricación en Valladolid no empezó hasta octubre de aquel año. Fueron años muy convulsos para la industria automovilística española, con un inminente desembarco de Ford que se vislumbraba en el horizonte. Pese a todo, Renault siguó apostando por Fasa, y el R-5 se convirtió en el gran rival del Seat 127, con quien compartía la tracción y posición del motor delanteras, aunque posteriormente el Renault demostró una fiabilidad y resistencia superior al de su competidor, gracias a los posteriores motores de 1037 y 1108 c.c. Pero, por ahora, veamos la ficha técnica del original de 1972.
Ficha técnica: Renault 5 TL
Motor: delantero longitudinal 4-L
Cilindrada: 956 c.c.
Compresión: 8,3:1
Potencia máxima: 43 CV a 6000 rpm
Par máximo: 6'4 Mkg a 3500 rpm
Velocidad máxima: 135 Km/h

Su ensamblaje en la planta Renault de Na Guarda se inició en 1973, en Ciudad Sahagún (México) en 1976 y en Mariara (Venezuela) en 1981.




3 comentarios:

  1. Una interesantisima entrada con una maqueta que tengo la suerte de tener en mi vitrina. Si no me falla la memoria el Renault 5 fue el primer coche en llevar parachoques de plástico, los cuales han ido adelgazando en espesor.

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    1. Muchas gracias, lo suyo me costó buscar la información y hacer todos los cálculos.

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    2. El trabajo de campo es una de las partes más difíciles.

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