Para conocer la historia de la automoción española y reflexionar sobre nuestro mundo a partir de pequeñas maquetas de vehículos a escala 1/87

sábado, 7 de junio de 2014

Lada 1200 "Militsiya" / ВАЗ-2101 "Милиция"

-¿La Unión Soviética? ¿No se habían separado?
- Eso es lo que queríamos que ustedes pensaran ¡Ja ja ja!


Sí señores, los Simpsons nos demuestra de nuevo su clarividencia, y es que, por si no se habían dado cuenta a estas alturas, vuelve a URSS. Rusia, una vez hecho el reparto del botín tras la desmembración soviética y los años de anarquía y latrocinio amparados por el alcoholismo presidencial, parece que recupera fuelle para lanzarse hacia su eterna pretensión de dominar todo el este de Europa. Lo mismo que Alemania, que necesita calmar su eterna frustración controlando toda la Europa Occidental. Y la Oriental, y la del norte, y la del sur...

Como se comentó por aquí la semana pasada, hace años que venimos viéndole el plumero a los alemanes con mucha evidencia, aunque sea a través de su nueva treta paneuropea de buen rollito y musiquita de Beethoven. En cambio con los rusos, sea por la distancia, sea porque desde los años 90 los vemos como mafiosos y aficionados a la botella, su irrupción de nuevo en el primer plano internacional nos ha cogido más desprevenidos.

Pero desde que un estadista de verdad (frío, calculador y con un par) se hizo con el poder en la Federación Rusa, ésta viene fraguando su resurgir, y en este proceso juega un papel muy importante, aunque sea en el plano moral, la recuperación de los grandes símbolos nacionales, que a día de hoy son más soviéticos que estrictamente rusos. Al fin y al cabo, para el ciudadano ruso actual, sus glorias nostálgicas van asociadas más a la hoz y el martillo que al águila bicéfala. En este sentido la simbología soviética, que nunca dejó de estar presente en los grandes fastos nacionales, ha vuelto, convenientemente desideologizada, de manera que de ella se aproveche sólo su componente patriótico, capaz de aglutinar a la gente con el recuerdo del esplendor de gloria de otros días. 

Se empezó en el 2000, nada más llegar Putin a la presidencia, restaurando el himno de Aleksandrov. Con él -y con un refuerzo de la disciplina y una mayor puntualidad en el pago de las soldadas- llegaron las ansiadas victorias en Chechenia, que les permitieron sacar pecho en sus de nuevo cada vez más fastuosos desfiles de la Victoria, y lanzar un serio toque de advertencia a la OTAN, que ya empezaba a arrimar demasiado el hocico. En el plano económico, Putin fulminó la oligarquía postsoviética, recuperando para el Estado el control de sectores estratégicos como el gas, mediante los cuales, a su vez, tiene cogidos por los cataplines a media Europa. Sin olividar los éxitos deportivos, las Olimpiadas de invierno o las victorias de Kamaz en el Dakar, todos interpretados como grandes triunfos con los que recuperar el orgullo nacional. Pero también instauró un férreo control sobre los medios de información, a pesar de las críticas de la comunidad internacional...

Sin embargo, ha sido en el conflicto sirio cuando ha logrado recomponer su estatus internacional, gracias a una habilidosa combinación de diplomacia y presión militar. De esta manera, de nuevo valorado como un actor a tener en cuenta y único capaz de plantar cara a la plutocracia anglosajona de ambos lados del Atlántico, se ha podido lanzar sin ambajes a recuperar los antiguos dominios territoriales ruso-soviéticos, empezando por Crimea. Pero con esa acción ha pisado un terreno que Occidente también ansía. Y es entonces cuando surgen los problemas, cuando ambas rapaces lanzan sus garras sobre la misma presa y, a través de los pringaos de turno -ucranianos en este caso-, unos y otros pretenden jugar su particular partida, sobre un tablero en el que lamentablemente no hay fichas, sino personas.
Y así están las cosas por ahora. Lo último, el pasado 29 de mayo, ha sido recuperar el COMECON, ahora llamado Unión Económica Euroasiática. Y lo que vendrá, vista la decadencia occidental y lo gallito que está Vladimir (y lo avispado que es). ¿Dónde está el fin de la Historia ese, eh Fukuyama?

El VAZ 2101

Aunque por lo general es algo comúnmente aceptado que los soviéticos no sabían fabricar coches, hay un par de modelos que por su precio y robustez alcanzaron cierta fama a este lado del Telón, y un éxito arrollador al otro lado. Lanzado en 1969, el "Shiguli" es el fruto de la colaboración que desde 1966 existía entre la Unión Soviética y la Fiat. Básicamente es un Fiat 124 con algunas modificaciones en aspectos como calefacción, frenos o suspensión, para adaptarlo a la realidad rusa de fríos intensos y caminos sin asfaltar. En cuanto a la motorización, conservaba el motor original de Lampredi, con también algunas adaptaciones para que pudiera soportar las grandes heladas. Para su fabricación se puso en marcha una gran factoría junto al Volga, vinculada a la cual surgió la ciudad de Togilatti, denominada así en honor líder del PCI. Desde su lanzamiento hasta el final de su producción, hace sólo dos años (recordemos aquello que comentábamos sobre la longevidad de producción de los vehículos del Este), han salido más de 17 millones de unidades de sus cadenas de montaje, siendo con diferencia el turismo ruso más popular. De las diversas generaciones que se produjeron a lo largo de los años, la primera fue la 2101, a la que se le sumó en 1972 la versión familiar, denominada 2102. La mayoría montaban motores de 1,2 litros, aunque también hubo rotativos y de 1,3 litros, como la versión policial 21016 que nos ocupa.
Ficha técnica: VAZ 21016 (1976-1981)
Motor: VAZ 21011 OHC 4 cilindros en línea.
Cilindrada: 1294 c.c.
Potencia: 69 CV a 5600 rpm
Par máximo: 96 Nm a 3400 rpm
Velocidad máxima: 145 Km/h
La maqueta

Realizada a partir de la referencia 2065 de Eko, no requiere grandes transformaciones salvo repasar las rebabas con una lija, pintarlo con los colores correspondientes, detallarle pilotos, faros, cromados y demás y colocarle el sistema de luces prioritarias. Las calcas son de Trenmilitaria.
Maqueta: VAZ 2101/Seat 124
Fabricante: Eko
Año de realización: 2009

2 comentarios:

  1. Otro buen artículo, me ha recordado que recientemente lei un comentario en una famosa red social sobre la simbología que ha desaparecido del escudo del nuevo monarca español tras la abdicación de su padre. Estos elementos desaparecidos son la Cruz de San Andrés y el yugo y las flechas por ser supuestamente iconos Franquistas. Resulta que la Cruz Roja de San Andrés o de Borgoña es un símbolo de los Borgoñones y Austrias; mientras que el yugo de gules con el haz de cinco flechas de gules es un símbolo de los Reyes Católicos. Aquí tambien hace falta desideologización de los simbolos y dejar de lado los revanchismos. A este paso el odio de algunos a ese periodo historico (donde supuestamente todo fue malo) hará que pidan que la Seat cambie de nombre por ser impulsada por Paquito, heredero de Satanás, hijo de Belcebú y sobrino de Sauron el de Mordor... jajaja

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    1. Ya lo decía Machado "Son tierras para el águila/un trozo de planeta/por donde cruza errante/la sombra de Caín". El problema de este país es que pone a la ideología por encima de la propia nación. Eso, y mucha amnesia...

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