Para conocer la historia de la automoción española y reflexionar sobre nuestro mundo a partir de pequeñas maquetas de vehículos a escala 1/87

jueves, 24 de julio de 2014

Renault Supercinco

Desde tiempo inmemorial, mi abuelo deseaba un Mercedes. Cuando en 1985 llegó la hora de jubilar su antiguo coche, quizá hubiera sido el momento de cumplir aquel viejo sueño: tres años antes, la marca de la estrella -en una de esas "bajadas de pantalones" que a veces hacen algunos fabricantes- había lanzado el 190, una berlina de precio "asequible" con la que Mercedes ampliaba su mercado hacia segmentos inferiores a los tradicionales. Era aquella la última oportunidad para mi abuelo, teniendo en cuenta, además, que probablemente el coche que adquiriera sería también el último. Entonces él podría haber hecho lo que hicieron tantos otros: firmar unas cuantas letras y comprarse su deseado Mercedes. Pero no lo hizo y se compró un Renault Supercinco. Y es que, entre otras grandes virtudes, mi abuelo tenía la sana costumbre de no vivir por encima de sus posibilidades. 

Aquellas viejas virtudes

¡Qué diferente sería la situación actual si la gente practicara esa virtud! Porque, aunque muchos se empeñen en ocultarlo, lo cierto es que la crisis económica que vivimos hoy en día no es sino consecuencia de una profundísima crisis moral en la que hemos vivido (y en la que nos hemos regodeado) durante muchos años. Una crisis moral construida sobre un andamiaje cimentado en la codicia, que favorecía la ya tradicional tendencia española a la especulación y al negocio fácil. Y aunque el pecado ha sido el mismo para todos, ni la plena conciencia ni el entero consentimiento han sido iguales en su comisión, como tampoco su penitencia está siendo equitativa.

Codicia cometieron esos españolitos de a pie que se hipotecaron compulsivamente hasta las cejas, deslumbrados por el dinero fácil que les ofrecían los bancos a cambio de su alma y de su sangre (y la de sus hijos); codicia cometieron esos empresarios sin escrúpulos que convirtieron a la más vacua especulación en la base fundamental de sus lucrativos negocios; codicia cometieron esos politiquillos que basaron la financiación de las haciendas locales en la reconversión de terrenos, comisiones y sobres mediante; codicia cometieron los banqueros que facilitaron el crédito a gogó y alimentaron la ilusión colectiva del "compre hoy, pague mañana"; codicia cometieron los políticos en general cuando se lucraron descaradamente con los oscuros beneficios que un sistema corrupto producía, cuando gastaron faraónicamente el dinero público que podría haberse invertido provechosamente, cuando favorecieron, posibilitaron o no hicieron nada, por parar la locura colectiva en la que se consumía e hipotecaba el país. Y, por supuesto, codicia cometieron, puesto que eran la codicia misma, los grandes sacerdotes de Mammon, la gran banca internacional que no dudó en sacrificar a generaciones enteras por unos pingües beneficios. En definitiva, una sacrílega consagración colectiva a la codicia, amparada por la gran estructura de pecado que es el capitalismo.

Pero claro, como corresponde a la moralidad inversa de una estructura intrínsecamente demoníaca ¡y qué estructura de poder no lo es! (especialmente si nos atenemos a Lc 4, 6) la penitencia por dicho pecado está siendo inversamente proporcional a la conciencia y consentimiento de quienes lo cometieron. Así, los principales autores, instigadores y ejecutores, banqueros y políticos, se van de rositas, con los bolsillos repletos, sus millones en paraísos fiscales, sus chiringuitos rescatados con dinero público y con los jueces que intentaron ir a por ellos sentados en el banquillo de los acusados. Y desmantelando por el camino los derechos laborales y privatizando los servicios básicos, para agrandar aún más si cabe sus inicuas fortunas. Mientras tanto, los pobres a los que engatusaron con sus embustes se han visto sin trabajo y sin casa, pero teniendo que pagar la hipoteca por algo que ya ni siquiera tienen y con unos derechos sociales y laborales cada vez más menguados. Y encima, para colmo de la desvergüenza, les toca rescatar a los mismos que les han dejado en la cuneta.

El Supercinco, más cinco que el cinco

El Supercinco es el nombre comercial que recibe la Fase II del Renault 5, que fue fabricado entre 1986 y 1993 en las factorías de Palencia, Setúbal y Mariara, entre otras, siendo producido en Eslovenia hasta 1996. Pese a recordar con su diseño al primitivo R-5, introduce múltiples novedades, como el motor transversal, las suspensiones McPherson o su interior más amplio. Montaba una gama de motores de gasolina que iban desde el más básico de 956 c.c. y 42 CV hasta el turboalimentado de 1397 c.c. y 120 CV, pasando por motorizaciones intermedias de 1108 c.c. y 48 CV, 1237 c.c. de 55, 60 o 72 CV, o de1721 c.c. y 90 CV. También existió un modelo Diesel, el GTD, de 55 CV y 1595 c.c.
En cuanto a versiones, cubrían un amplio abanico del mercado, con algunas muy espartanas, como la C o la TL u otras más equipadas como la GTL, GTS GTX o el Five, además de la deportiva GT. Esta versión se convirtió en una habitual en los rallies de la segunda mitad de los 80 y primera de los 90, como el Tour de Corse, Monte Carlo o el de Catalunya, consiguiendo importantes triunfos, por no hablar de las competiciones locales o de las monomarca como la popular Copa Renault, siendo el vehículo ideal para iniciarse en el deporte del motor debido a sus excelentes prestaciones y su precio ajustado.
Aunque los recuerdos nostálgicos del GTL de mi abuelo son más profundos, prefiero hablar aquí de la ocasión en que pude montarme hace un par de años en el tristemente desaparecido GT Turbo de mi amigo Iván, cuya ficha técnica adjunto, y que resumí de esta manera en el periódico Castellón Diario: “en carretera las sensaciones son increíbles -especialmente una vez se le puede apretar- la válvula de descarga proporciona un especialísimo sonido en las deceleraciones y la dureza de la suspensión hace lo suyo en las curvas, convirtiendo la prueba en toda una experiencia que te deja siempre con ganas de más”.
Ficha técnica: Renault Supercinco GT Turbo
Motor: delantero transversal (tracción)
Cilindros: 4 en línea
Cilindrada (diámetro x carrera): 1397 c.c. (76x68)
Compresión: 7,9:1
Potencia: 115 CV a 5750 rpm
Alimentación: carburador Solex 32 DIS
Refrigeración: por agua
Cambio: 5 velocidades sincronizadas + MA
Velocidad máxima: 197 Km/h

La maqueta

Realizada a partir de un modelo de Praliné, la escasa definición de la maqueta original aconseja detallar determinadas partes como algunas molduras, pilotos o intermitentes.
Maqueta: Renault Supercinco
Fabricante: Praliné
Año: 2010




1 comentario:

  1. Poco más se puede añadir excepto que tú abuelo aplicaba el sentido común, que es el menos común de los sentidos, tal y como esta crisis nos ha hecho ver. Recuerdo en los primeros años del carnet de conducir ver vehículos de alta gama con la L detrás, hecho que provocaba que asaltaran a mi mente numerosas preguntas. Con respecto a la maqueta dispongo de una similar esperando ser detallada, espero que me quede tan bien como a ti.

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